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Archive for the ‘Psicología’ Category

El bueno, el malo y el neutro

Los seres humanos funcionamos, en gran medida, a base de categorías. Tenemos categorías para los objetos, para nosotros mismos, para nuestros comportamientos… Nos pasamos buena parte de nuestra vida relacionándonos con etiquetas (esta persona es antisocial, tal otra es soberbia, tal otra es depresiva,…).

Las etiquetas no son positivas o negativas (vaya, acabo de usar más etiquetas) per se, sino que su adecuación depende de su funcionalidad, del para qué usamos una etiqueta en un contexto determinado. En cuanto a las etiquetas que asignamos a nuestros comportamientos, pensamientos y sentimientos, el escalón más alto, el más genérico de todos los de la pirámide de categorías es qué es bueno, qué es malo y qué es neutro o no sabemos categorizarlo en las dos anteriores.

Una de las cuestiones a la hora de asignarle a un comportamiento una de esas tres grandes etiquetas es las consecuencias que genera: consecuencias hacia nosotros mismos, hacia otros, hacia el medio ambiente. Otro de los aspectos fundamentales es el tiempo durante el cual mantenemos ese comportamiento, lo cual diferencia entre una conducta puntual y un estilo de comportamiento habitual.

Pongamos un ejemplo: alguien que apreciamos tiene un comportamiento desconsiderado hacia nosotros y, aunque mantenemos la relación con esa persona, las cosas han cambiado y ya no tenemos el mismo grado de confianza. Aquí, los pensamientos de duda tienen un efecto protector adaptativo (no queremos que nos vuelva a suceder y nos protegemos siendo más escépticos con esa persona). Bien, hasta ahí, parece todo claro; es un comportamiento puntual como reacción a un comportamiento puntual. Pero bien, ¿qué pasa si un comportamiento puntual adaptativo se va transformando en un estilo de comportamiento? Si, a pesar de nuestra desconfianza hacia la mencionada persona, seguimos manteniendo la desconfianza y se va arraigando en nosotros, es probable que en relaciones similares posteriores sigamos haciendo lo mismo, aún a pesar de que la nueva persona no ha dado muestras de que debamos desconfiar.

Si Juan traiciona a Rosa, su pareja, es posible que en la mente de Rosa se genere la siguiente relación de etiquetas y reacciones:

  • Juan – pareja
  • Juan – traición
  • Juan – desconfianza
  • Pareja – desconfianza
  • José – pareja
  • José – desconfianza

Así, Rosa habrá generalizado su desconfianza inicial hacia Juan y se la aplicará a José; al menos, inicialmente. En función de sus experiencias con José y de su propia actitud, Rosa podrá cambiar esas relaciones entre categorías o, por el contrario, las hará más fuertes. Y, como se refuerzan los vínculos mentales que tenemos más presentes, esa asociación de etiquetas se hará cada vez más y más fuerte hasta que Rosa sea consciente de ella y decida sustituirla por otra más adecuada para su propia felicidad.

Nos esforzamos por liberarnos de ataduras externas, de cosas y personas del presente, pero frecuentemente olvidamos que apegarnos a unas categorías y unas relaciones inadecuadas son una forma de restringir nuestra propia libertad.

Liberémonos del pasado, ya solamente existe en nuestra mente

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Cómodamente anestesiado

Me gusta mucho la música y, muchas veces, cuando pienso sobre un tema de los que escribo, o tengo alguna vivencia, suelo asociarlo a una canción. La canción que me sugiere este tema es una de las más conocidas de Pink Floyd, y es la que le da el título a este post: Comfortably Numb (cómodamente anestesiado, plácidamente adormecido,…). Hay dos teorías sobre el origen de esta canción: una es el uso de drogas de los propios miembros de la banda (que se refleja también en la película The Wall) y otra es la relacionada con un tratamiento médico recibido por el fallecido Syd Barrett.

La pregunta es: ¿es posible estar “cómodamente anestesiado” sin el uso de sustancias? Estoy convencido que sí; de hecho, todos o casi todos hemos estado bajo el influyo de una de esas personas “cómodamente anestesiadas” (los llamaré, simplemente, “anestesiados” de aquí en adelante) y, como consecuencia, nos hemos anestesiado nosotros también. Es más, es posible que ahora mismo, tú y yo también estemos bajo dicho influyo… Pero claro, no somos consciente de ello; es por esto por lo que es tan importante darnos cuenta de cuándo estamos en este estado.

Vayamos por partes: ¿a qué me refiero con estar anestesiado? Pues a no dar lo mejor de nosotros mismos, a no perseguir nuestros sueños, a no apostar firme por conseguir nuestros objetivos porque suponen un reto que nos da miedo. Este miedo no tienen ni siquiera que tener alguna relación con aspectos económicos o de integridad física, sino que nos dan miedo por el nivel de compromiso personal que es necesario.

En algún oscuro rincón de nosotros mismos, sabemos que dar el salto a dar lo mejor de nosotros mismos es un camino sin vuelta atrás, un camino para toda la vida, y en el cual seguramente encontraremos muchos aspectos de nosotros mismos que desconocemos, puesto que los hemos tenido, hasta ahora, cómodamente anestesiados. Nos da un miedo terrible, en general, descubrir en este proceso que hemos actuado por motivaciones egoístas, que nos hemos dejado convencer, que no hemos sido tan perfectamente independientes, maduros emocionalmente o tan solidarios como nos gustaría pensar. Es más, muchas veces nos cuesta hasta reconocer que tenemos miedo. Esto, obviamente, ataca directamente a nuestro autoconcepto; es decir, a la imagen que tenemos de nosotros mismos (¿cómo vamos nosotros a ver que hemos sido egoístas, vengativos o esas cosas que la sociedad nos ha enseñado que están mal?).

Claro, esto supone un problema cuando pensamos en nosotros mismos como un ser finalizado, un ser humano que ya se ha definido en cuanto a lo que es. Si esto fuera así, tendríamos la sensación de que hemos fallado en el camino y, por tanto, dicho pensamiento se vuelve inadmisible (¿cómo vamos a creer que hemos fallado en nuestra más importante misión vital, la de construirnos como personas?). Sin embargo, la perspectiva cambia mucho si nos consideramos (a los 20, 30, 40 o 60 años) como seres en permanente construcción; ahí, los fallos se convierten en cuestiones a mejorar, en oportunidades de aprendizaje y en parte del proceso normal de cualquier persona.

Claro, éste solamente es el primer paso; una vez que uno/a piensa en sí mismo como un ser en evolución, se plantea hacia dónde quiere caminar. No digo que se tengan claros los objetivos específicos a largo plazo, pero sí una serie de directrices para saber por dónde caminar (nuestros valores). A partir de ahí, toca hacer cambios de hábitos, de pensamientos, etc. Es en ese momento donde entran en acción nuestros compañeros los anestesistas, que son aquellas personas que nos rodean y que, queriendo nuestro bien, les da mucho miedo nuestro cambio.

Los anestesistas no son nuestros enemigos, ni alguien que no nos quiera (aunque quizás habría que valorar la calidad de su amor), sino personas que nos acompañan en la vida, que incluso pueden mostrarse cariñosos y detallistas con nosotros. Nuestro anestesista particular puede ser nuestro padre o madre, nuestra pareja, nuestro amigo o amiga,… No es que no nos quiera, sino que le da mucho miedo nuestro cambio porque pone en evidencia su propio autoconcepto, se activan sus miedos y se llega a plantear su propio proceso personal de cambio. Al fin y al cabo, resulta molesto, e incluso doloroso, que la persona que tenemos a nuestro lado evolucione y nosotros no. Eso nos pone en evidencia delante de esa persona y delante de nosotros mismos.

¿Cómo podríamos llevar bien que nuestro hijo/a, nuestro padre o madre, nuestra pareja o amigo/a desarrolla su potencial mientras nosotros nos quedamos donde mismo, en el sofá, cómodamente anestesiados? No, eso no se lleva bien. Por eso, la reacción habitual ante estos casos es boicotear, inconsciente o conscientemente, el proceso de cambio de la otra persona, ya sea de forma sutil o de forma más explícita (esos sueños tuyos son una locura, ¿qué necesidad tienes de hacer eso?,  eso es demasiado arriesgado y otras expresiones por el estilo pueden denotar un intento de anestesiarnos).

Entre las resistencias propias que tenemos a nuestro cambio y el efecto de la anestesia, muchas veces termina triunfando (aunque sea temporalmente) ésta última, sumiéndonos nuevamente en un estado de adormilamiento relativo, en un letargo adornado con frases del tipo las cosas son así, en vez del frenesí de las frases como ¿qué es lo que quiero?. Y en ese adormecimiento permanecemos hasta que un suceso vital o la acumulación de éstos generan una nueva crisis vital que nos hace plantearnos la idea de cambio.

El objetivo de los anestesistas no es que seamos infelices, sino que estemos al lado de ellos, sumidos ambos en un cómodo adormecimiento, en un estado en el que los días y los años van sucediendo, pasando hojas del calendario, una igual a la anterior, con la única diferencia de algunos hitos vitales necesarios para que lleguemos a creer que algo ha cambiado: el año que fuimos a Italia, el año que fuimos padres, aquél día de excursión por la montaña… Sin embargo, bajo esta capa superficial de anécdotas, ¿qué es lo que realmente cambia?, ¿somos más cariñosos, más altruistas, gestionamos mejor nuestras emociones, nos comunicamos mejor?,… En definitiva, la pregunta clave: ¿somos mejores personas? (es decir, ¿nos comportamos de forma más congruente con nuestros valores?).

Quizás la clave para superar este círculo vicioso está en una escena de la película Entrenador Carter: Empequeñecerse no ayuda al mundo; no hay nada inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar, como hacen los niños. No es cosa de unos pocos, sino de todos. Y, al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros.

Una última cosa. Si crees que alguna vez has sido, o eres, un/a anestesista para alguien, recuerda el enorme influjo que tenemos en otros. Seguro que esta escena de la película En Busca de la Felicidad es mucho más elocuente de lo que yo pueda serlo en este momento:

No dejemos de crecer.

 

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Emociones, optimismo y realismo

Emociones, optimismo y realismo (Grupo Shinè) by Slidely Slideshow

Lo siento, WordPress no me deja incrustar IFRAMES

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Mi soledad y yo

Quien más solo o sola está es quien abandona al mundo, quien por miedo a verse rechazado o colonizado construye una burbuja que lo aisla.

Lo paradójico de la cuestión es que el miedo a sufrir termina provocando sufrimiento. Nos tratamos de esconder de él, pero en esa jaula en la que queremos escondernos siempre hay rendijas por las que se cuela el dolor, la pérdida, el abandono. Y, como en cualquier lugar cerrado, un tóxico termina expandiéndose y llenando todo el recinto. Y es ahí cuando comienza el círculo vicioso de nuestras interpretaciones y atribuciones… 

  • Me siento solo/a porque nadie me aprecia.
  • Como nadie me aprecia, cuando alguien se acerca le pongo pruebas para comprobar si es de fiar.
  • Cuando me demuestra que me equivoco, pongo pruebas más duras para cerciorarme.
  • Cuando ya me he cerciorado, sigo poniendo pruebas para estar alerta.
  • La persona se cansa de pruebas y se aleja.
  • Creo que tenía razón, y que realmente esa persona ha demostrado que no era de fiar.
  • Me siento solo/a porque nadie me aprecia.

Y, así, tenemos la receta perfecta para convencernos a nosotros mismos de que tenemos razón, de que no vale la pena, de que estamos condenados. Un círculo vicioso en el que, más que buscar la verdad, nos empeñamos en tener una razón que no son más que nuestros propios pensamientos e interpretaciones de lo que nos ha pasado durante nuestra vida. Sí, claro que hay hechos objetivos, pero también mucha interpretación de por medio.

De este fenómeno, hay dos elementos que destacaría: por un lado, el llamado locus de control externo, es decir, situamos las causas de nuestro sufrimiento/bienestar en los otros, en el mundo, y nos asignamos un papel meramente reactivo, como respuesta a los eventos externos. En este sentido, dejamos de lado que somos constructores de nuestra vida, y no meros autómatas. Por otro lado, nuestra interpretación de que es un hecho permanente hace que nos sintamos condenados a esa situación, impotentes para cambiarlo.

Creo que le damos mucha importancia al sufrimiento, mucho poder sobre nosotros. El sufrimiento es parte de la vida, al igual que el amor o la alegría. Cuanto más importancia le demos, más nos impregnará. No es cuestión de negar el sufrimiento, sino de todo lo contrario, de aceptarlo, pero de aceptarlos como una parte más de la vida. De una vida que puede tener muchos estímulos, muchas satisfacciones. La vida está más allá de la burbuja.

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Los amores incondicionales

En muchas ocasiones he visto u oído aquello de “quien te quiere, te acepta tal y como eres”. Bien, desde luego estoy de acuerdo con este principio, en tanto en cuanto esa persona quiere/ama a la persona que SOMOS, y no a una idealización que tiene en su mente. En este sentido, seguro que todos hemos tenido alguna experiencia de manipulación por parte de la que en ese momento era nuestra pareja para que termináramos adaptando nuestro comportamiento (y hasta nuestra personalidad) a sus gustos y preferencias.

Desde luego, la manipulación del otro/a para lograr un cambio en ellos que persigue el único fin egoísta de que se adapte mejor a nosotros mismos es algo no sólo psicológicamente desajustado, sino que ataca directamente a valores básicos como la igualdad y la libertad.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando nuestra pareja empieza a tener comportamientos que llevan a un daño a sí misma a corto, a medio o a largo plazo?, ¿estos comportamientos también deben ser aceptados incondicionalmente? Creo que no; el amor, además de aceptación del otro, requiere algo, para mi, mucho más profundo: el deseo de que esa persona esté bien y que se desarrolle. Quizás lo más cómodo en estas situaciones sería callar y mirar para otro lado, pero ¿es más “amorosa” esa actitud que el hecho de llamar su atención sobre estos aspectos?

Importa mucho en este tipo de hechos las formas en las que se comuniquen ambos; si nuestra pareja percibe un ataque en nuestras palabras, instintivamente se defenderá, por lo que lo más probable es que niegue todo y que, incluso, nos ataque a nosotros, lo cual puede ser el inicio de una discusión e, incluso, de una serie de discusiones que lleven incluso a la ruptura. Otro aspecto fundamental es cuánto daño o molestia nos causa ese comportamiento de nuestra pareja en nosotros mismos, de forma que es más fácil “no meternos” en ello cuando no nos afecta demasiado.

Quizás en el caso de comportamientos evidentemente “dañinos” tengamos más claro cómo actuar: intentando “convencer” a la otra persona de que su comportamiento tiene consecuencias, de que la queremos y que queremos lo mejor para ellas. Pero, ¿y qué pasa cuando tiene comportamientos que no le hacen un daño “agudo” evidente, pero que creemos firmemente que la están frenando en su desarrollo, en su felicidad?

Imaginemos que nuestra pareja tiene una serie de creencias que hacen que vea la botella medio vacía, que su ánimo esté decaído, que su autoestima esté baja… ¿Qué deberíamos hacer?, ¿callar y sonreír, apoyar y esperar?

Creo que no hay respuestas absolutas a esto; si las hay, desde luego yo no las conozco. Lo único que pretendo con estas líneas es invitarles un poco a la reflexión, a hacernos la siguiente pregunta:

¿Quiero más cuando acepto por comodidad o por falta de conciencia, o cuando comprendo, respeto pero trato de apoyar un cambio a favor de la persona querida? 

Quizás nos han educado en la creencia de que quien esté a nuestro lado debe ser un “príncipe” o una “princesa”, que te quiere más cuanto más acepta no sólo (perdón, señores de la RAE) la persona que somos, sino también cualquier acción que hacemos.

Querer a una persona no significa, a mi entender, considerar positivamente todas y cada una de las acciones que hace, porque todos nos equivocamos (él/ella también), y quizás animarlo/a en el error no es lo más productivo que podamos hacer. Quizás… repito que no tengo una respuesta clara a esto.

Quizás, como dice un dicho popular, amor no quita conocimiento.

 

gatos

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¿Estás con la pareja adecuada?

Visto originalmente en: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10151497337917000&set=a.501057451999.272168.640211999&type=1

Durante un seminario, una mujer preguntó: “¿Cómo puedo saber si estoy con la persona adecuada?

El autor entonces se dio cuenta de que había un hombre corpulento sentado a su lado por lo que dijo: “Depende. ¿Es tu pareja?” Con toda seriedad, ella respondió “¿Cómo lo sabes?” Voy a responder a esta pregunta porque las posibilidades son buenas de que está pasando en su mente respondió el autor.

Aquí está la respuesta.

Cada relación tiene un ciclo. Al principio, caes perdidamente enamorada. Te anticipas a sus llamadas, quieren estar en contacto, y se gustan sus costumbres. Enamorarse no fue difícil. De hecho, fue una experiencia completamente natural y espontánea. No tuviste que hacer nada. Es por eso que se llama “perdidamente enamorados”.

Enamorarse es una experiencia pasiva y espontánea. Pero después de unos meses o años de estar juntos, la euforia del amor se desvanece. Es un ciclo natural de todas las relaciones.

Poco a poco, las llamadas telefónicas se convierten en una molestia (si es que las hay), el contacto no es siempre bienvenido (si es que lo hay), y las costumbres de su cónyuge, en vez de sentir lindo, te vuelven loc@. Los síntomas de esta etapa varía con cada relación, usted notará una gran diferencia entre la etapa inicial cuando estaban enamorados y una fase mucho más aburrida o con actitudes de enojo incluso.

En este punto, usted y/o su pareja pueden estarse preguntando, “¿Estoy con la persona correcta?” Y al reflexionar sobre la euforia del amor que una vez tuvieron, pudieran empezar a desear esta experiencia con alguien más. Aquí es cuando las relaciones truenan.

La clave para tener éxito en una relación no es encontrar a la persona adecuada, sino aprender a amar a la persona encontrada.

La gente culpa a su pareja por su infelicidad y busca fuera lo que le hace falta. Las atenciones extra maritales vienen en todas las formas y tamaños.

La infidelidad es lo más común. Pero a veces la gente se envuelve en el trabajo, en un pasatiempo, en una amistad, televisión en exceso, o sustancias de abuso. Pero la respuesta a este dilema no está fuera de su relación. Se encuentra dentro de él.

No estoy diciendo que no se podría enamorar de alguien más. Si podrías y temporalmente se sentiría mejor. Pero estaríamos en la misma situación unos años más tarde.

amor

Debido a que (escucha con atención a esto):

La clave para tener éxito en la relación no es encontrar a la persona adecuada, sino aprender a amar a la persona que se encontró.

MANTENER el amor no es una experiencia pasiva o espontánea. Usted tiene que trabajar en ello día tras día. Se necesita tiempo, esfuerzo y energía. Y lo más importante, exige SABIDURÍA. Usted tiene que saber Qué hacer para que funcione. No nos equivoquemos al respecto.

El amor no es un misterio. Hay cosas que usted puede hacer (con o sin su pareja), Así como hay leyes físicas del universo (como la gravedad), también hay leyes para las relaciones. Si usted sabe cómo aplicar estas leyes, los resultados son predecibles.

El amor es por lo tanto una “decisión”. No es sólo un sentimiento.

Recuerda esto siempre: Dios determina quién entra en tu vida. Depende de ti quien quieres que camine a tu lado, a quien permites que se quede, y a quien quieres dejar ir!

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¿Qué es ser optimista?

Artículo mío en el blog de mi empresa, Grupo Shinè

 

¿Qué es ser optimista?.

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