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¿Por qué echamos de menos a una persona que nos trató mal?

Ésta es una de las preguntas que creo que muchos de los lectores se han hecho una o varias veces a lo largo de su vida: ¿por qué lo/la echo tanto de menos, si me trató mal? Bien, voy a intentar reflexionar un poco sobre ello y aportar alguna pista. En Psicología (y en otros campos) sabemos bien que tiene el refuerzo sobre un comportamiento que realicemos.

La lógica es simple: tendemos a repetir aquello que nos proporciona una recompensa (dinero, afecto, atención, sexo, halagos), y evitamos lo que conlleva un castigo (reproches, dolor físico o psíquico, sensación de fracaso,…). Cuando a una conducta siempre le sigue una recompensa, se consolida de forma rápida, y cuando siempre le sigue un castigo, es rápidamente eliminada.

En el caso de una pareja, cuando estar con ella resulta SIEMPRE placentero, nos apegaremos fuertemente a ella. En caso de que estar con esa persona resulte SIEMPRE molesto o doloroso, nos desapegaremos rápidamente. Ahora bien, ¿qué ocurre si el hecho de quedar con esa persona A VECES nos resulta placentero y A VECES nos resulta molesto/o doloroso? Pues que estaremos confundidos.

En ese punto, entran en juego muchos factores: Cuántas veces (y duración de las mismas) resulta placentero o molesto/doloroso, la intensidad de la recompensa/castigo, si existen o no otras recompensas o castigos “colaterales” (por ejemplo, el reproche de nuestros seres queridos por tener una relación sentimental con alguien con quien nos sentimos mal), nuestras creencias sobre qué es lo “normal” dentro de una pareja, etc.

No quiero liar mucho el tema, por lo que resumiré diciendo que, durante un cierto tiempo, en situaciones como ésta nos “aferramos” a la recompensa y, por lo tanto, modificamos hábitos, esperamos, cedemos… con el fin, consciente o inconsciente, de “recuperar” esa recompensa y que vuelva a ser estable. Desde luego, la “duración” de este período variará enormemente de una persona a otra y dependerá de su nivel de dependencia emocional, de su autoestima, de su historial anterior de relaciones (y, por tanto, de las creencias que tiene acerca de la vida en pareja), etc.

Aunque ésta es una interpretación bastante extendida y realista en muchos casos, en ocasiones es necesario ver más allá, profundizar un poco más en las creencias y los sentimientos de la persona, y preguntarse no sólo por las conductas manifiestas de la misma, sino también por los significados que le asigna a lo que le ocurre. A veces, lo que realmente extrañamos de una pareja no es a la persona, sino a la situación de estar en pareja y, por tanto, tener a una persona (en el fondo, puede hasta dar un poco igual quién, en niveles altos de dependencia emocional) que nos muestre afecto, con quien podamos tener una vida social, con quien poder disfrutar del sexo, etc.

Claro, esto es difícil de asumir para muchas personas, ¿cómo van a asumir que, realmente, están apegadas a una persona no por cómo es esa persona, sino por el hecho de sentirse acompañadas, seguras? Es un trago difícil y, sin embargo, muchas veces necesario.

Clarificar dónde termina el amor y dónde empieza la dependencia es algo complicado; en ocasiones, la diferencia es muy sutil: ¿Queremos o necesitamos sentirnos queridos? Quizás en la respuesta a esta pregunta tengamos la clave de decisiones a tomar.

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Categorías:Sin categorizar
  1. Gloria G. Barbuzano
    06/11/2013 en 11:59

    Es bien sabido que el refuerzo intermitente ( una de cal y otra de arena) es uno de los refuerzos más poderosos de la conducta humana ( lo que sucede con los ludópatas). No iba a ser menos en la conducta de amar a otro/a o sentirse compañero/a del mismo. En tales casos, sería deseable hiciéramos un “zoom- out” de la relación, mirando más allá de lo que focalizamos a simple vista. Esto es, ¿ qué nos dice la gente que nos conoce bien? ¿ cómo dirías que es tu relación si la pensaras en tercera persona? , o por ejemplo, si le quitas los refuerzos que te da ¿ te compensa o no te compensa en líneas generales?. Parece que tenemos que meter la relación en un tubo de ensayo, pero lo cierto es que es la única manera de objetivarla y de clarificar si vale la pena la inversión que estamos haciendo.

    Un cordial saludo.

    Gloria G. Barbuzano.
    -Psicóloga-

  2. Adrian
    19/03/2014 en 21:42

    Sin duda toda la razón, yo por ejemplo me he dado cuenta que soy bastante emocionalmente dependiente y llega un punto en que no sabes si añoras a esa persona o añoras estar con una persona y sentirse agusto, sentirse querido.
    Yo soy a ser sincero, todo el mundo nos encanta ser queridos, pero en mi caso cada vez me doy cuenta que necesito ser querido, a veces tiendo a necesitar la aprobación de los demás por así decirlo.

    Gracias a tu post, uno se empieza a dar cuenta de los problemas que tengo, y así intentar solucionarlos con el tiempo.

    • 20/03/2014 en 15:18

      Me alegro mucho de que mis posts te ayuden a tomar conciencia de cosas que te ocurren. Un abrazo

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