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Etiquetas

 

Cuando comencé a estudiar Psicología, un día en la asignatura Psicología Social se nos planteó un simple ejercicio: escribir veinte frases que comenzaran por las palabras “Yo soy …”. Hicimos el ejercicio y las respuestas fueron variadas: yo soy hermana, yo soy hombre, yo soy deportista, yo soy estudiante, yo soy morena, yo soy voluntario…

En otra asignatura se nos explicó un sencillo experimento con niños: se hizo pasar a un grupo de niños a una habitación; a unos se les pusieron camisetas rojas y a otros camisetas azules (sin darles ninguna instrucción), y se les dejó solos durante un rato, mientras el equipo de investigación filmaba sus reacciones. Cuando terminó el tiempo de observación, los niños y niñas con camisetas rojas habían formado un grupo “enfrentado” al grupo de niños con camisetas azules, y viceversa.

Uno de los experimentos más famosos de la historia de la Psicología es el de la Prisión de Stanford. En la Universidad de Stanford se habilitó (en el sótano de la Facultad de Psicología) una simulación de una prisión, y se llevó a cabo un experimento en el cual unos estudiantes cumplieron el papel de carceleros y otro el papel de encarcelados. Conforme pasaban los días, unos y otros iban cumpliendo el rol que se les había asignado. El experimento tuvo que ser suspendido dado que los “carceleros” terminaron teniendo comportamientos humillantes hacia los “encarcelados” (que, recordemos, eran sus propios compañeros de aula).

¿A qué viene todo esto que escribo? Experiencias como ésta y muchos ejemplos de la vida cotidiana me hacen preguntarme, ¿hasta dónde nos influyen las etiquetas?, ¿cuánto de nuestro comportamiento está influído por lo que los demás esperan de nosotros?

Usamos una gran cantidad de etiquetas: en función del género, de la raza, de la cultura, de la ideología política, del puesto que desempeña, de las preferencias deportivas, culturales, musicales…

Cada etiqueta supone una diferenciación entre “nosotros” y “ellos” o, en términos antropológicos, entre el “endogrupo” y el “exogrupo”. El problema no radica en la etiqueta en sí, creo, sino en que entendamos que el “nosotros” es superior al “ellos”.


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Categorías:Sin categorizar
  1. 18/12/2010 en 00:41

    No sabes lo acertado de este artículo en el momento en el que estoy. Tu conclusión me da ánimos para seguir siendo fuerte y defendiendo nosotros frente a ellos. Gracias y seguiré tu blog que me encanta.

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